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Terra
La Coctelera

Palabras desde el amor

Desde hace tiempo pensaba que no me volvería a enamorar, era algo que torturaba mi mente, la imposibilidad de sentir, de reír, de llorar, de notar como se encoje el estomago cuando esta en tu presencia el ser amado. Una vez mas la vida vuelve a demostrarme mi ignorancia, lejos quedan ya esos inútiles sufrimientos por cuestiones que poco merecían la pena.

Con orgullo puedo gritar que estoy enamorado, y si cabe todo es mucho mas intenso que nunca, la oscuridad de mis ojos se ha tornado en luz y corro con fuerza para abandonar esta penumbra sentimental. Resulta curioso comprobar como los sentimientos no cumplen años, ellos permanecen perpetuos, imperturbables, ajenos a todo dolor, hoy me siento como un chiquillo de 15 años que se enamora por primera vez, que besa por primera vez, que abraza por primera vez y en el que nace la ilusión, también, por primera vez.

Todo esto gracias a la persona mas increíble que jamas haya conocido, si me pusiera a enumerar sus virtudes nunca acabaría. Es muy curioso saber que esa persona estuvo delante de mis ojos durante tanto tiempo, ella con su vida, yo con la miá, sin apenas cruzar palabras, ni miradas... y hoy cada vez que la estrecho entre mis brazos mi cuerpo se estremece, mis manos sudan y mi corazón se acelera. El destino es caprichoso.

Escribo estas pequeñas lineas y mi ansiedad parece aplacarse, no encuentro el momento de volver a tenerte a mi vera, este es el comienzo de nuestra historia, espero que esta vez el final sea feliz.

Dijo el cuervo: ¡Nunca más!

La caida por el abismo

Allí estaba, sin mucho que decir ni hacer, al borde de aquél precipicio, con la mirada fija en la inmensa oscuridad que nacía bajo mis pies. Intente vislumbrar el final de aquella profunda cavidad pero resultaba demasiado profunda. Permanecía inmóvil, intenté retroceder despacio hacia atrás pero una extraña fuerza hacía inútil cualquier esfuerzo. Una sensación de vértigo comenzó a recorrer mi cuerpo, las nauseas brotaron desde lo más profundo del estómago, el suelo parecía temblar producto del mareo, el sudor se deslizaba por todo mi rostro, el agujero comenzó a hacerse más grande. Intenté concentrarme y pensar en algún lugar agradable, creí que de esa manera me podría tranquilizar e intentar buscar una salida.

De repente note unas manos que se posaban en mi espalda, las reconocía, me resultaban familiares, esa forma de acariciar tan singular, de deslizar las manos suavemente, supuse que estaba salvado, que ella me ayudaría a salir de aquella situación, me relajé. Entonces llegó lo peor, esas manos me empujaron al maldito agujero. Sentí como mis pies perdían el contacto con el suelo y comenzaba a caer. Cerré los ojos y percibí que empezaba a flotar en mi caída, no era consciente de la velocidad con la que estaba descendiendo, me costaba respirar con normalidad, entré en una especie de letargo en el que mi actividad vital se vio reducida al mínimo y así permanecí durante muchos meses.

Mis esfuerzos por intentar comprender lo que había sucedido y porque había despertado delante de aquél agujero fueron inútiles por lo que decidí dejar de perder energías que ello. Solo pensaba en cuando dejaría de caer, en el momento en el que el suelo se interpusiera en mi trayectoria y en si había alguna posibilidad de sobrevivir al impacto. De repente note que la aceleración disminuía, respirar ya no suponía un monumental esfuerzo. Intente mover el cuerpo pero los músculos estaban algo atrofiados de todos aquellos meses en la misma posición, me costaba horrores realizar cualquier movimiento. Después de un rato me conseguí poner vertical, miré hacia abajo y vi una pequeña mancha blanca que se iba haciendo más grande a medida que caía.

Cuando apenas quedaban unos pocos metros para poner pie en tierra me paré o, más bien, eso pensé yo. La velocidad se había reducido tanto que parecía inapreciable. Me posé en el suelo con mucho cuidado y mire a mi alrededor. Era una habitación inmensa y vacía, corrí por ella en busca de algo que me resultara conocido pero no logré encontrar nada, me invadió una gran sensación de angustia, ¿donde estaba toda mi vida? Me costo mucho comprender la nueva situación, aquella era mi nueva vida, una vida por construir, un vacío inmenso que volver a llenar.

Dijo el cuervo: ¡Nunca más!

La libertad del alma

El cuerpo es la prisión del alma, la piel y la sangre son los barrotes de su cautiverio, más no temáis, la carne se corrompe y la muerte lo convierte todo en cenizas, por tanto, la muerte libera el alma.

Dijo el cuervo: ¡Nunca más!

Un deseo pasado

Un deseo que tuve hace algunos meses mientra mi alma transitaba por las entrañas de la desesperación, aún entonces pensaba que nuestros males tendrían solución, incauto de mi, menosprecie las consecuencias que aquél inmenso dolor tendrían sobre mi, lo mucho que podemos cambiar las persona al vivir ciertas experiencias.


"Deseo despertarme mañana y oír una tenue respiración a mi lado. Darme la vuelta en la cama y descubrir su dulce semblante. Pasar el dorso de mis dedos por su mejilla y, entre lágrimas, acabar de convencerme de que no es un mero sueño. Saber que, aunque ése fuera mi último día en el mundo de los vivos, no podría desear estar en otro sitio."


Este deseo fue por ti, fue el inicio de una metamorfosis que todavía esta por finalizar, el nacimiento de un nuevo ser de reacciones inesperadas con el que tengo que aprender a convivir.

Dijo el cuervo: ¡Nunca más!

El paso del tiempo

Sensaciones extrañas, sensaciones que nunca imaginé que fuera a experimentar. Sentado en la butaca, levanto la vista en medio de la oscuridad y busco tratando de encontrar tu presencia, quería compartir aquél momento en el que sentía que el tiempo devoraba mi existencia saboreando cada uno de los minutos.

El tiempo, llevo toda la vida preguntándome que es el tiempo y donde nos conduce, llevo toda la vida intentado detener el tiempo en aquellos momentos en los que encuentro un poco de felicidad y lo peor de todo es que es en estos momentos cuando parece que el tiempo se ha afanado en pasar más rápido. Sin embargo, en los malos momentos... parece que el tiempo se detiene regocijándose en el dolor haciéndolo interminable.

Aún así, tenemos que atribuir al tiempo la virtud del sanador, el tiempo lo cura todo dicen, yo ya no lo tengo tan claro, no tengo claro que el mal que sufro pueda ser curado por el tiempo, creo que arrastraré este enfermedad durante toda mi existencia.

El tiempo, Leonora, nuestro tiempo... perdido.

Dijo el cuervo: ¡Nunca más!

Risas olvidadas

Risas que son recuerdos en mi nostálgica mente. Continuamente recorro mi sesera en busca de esos momentos en los que la carcajada inundaba toda mi existencia, echo la vista atrás agudizando la mirada, intentando traer al frente esas escenas añoradas.

Hace un año, Leonora, recorríamos las calles de una ciudad extraña, con las manos entrelazadas, contemplando la belleza que nos rodeaba, disfrutando de ese lugar extraño al que queríamos llamar hogar algún día. No logró extirpar de mi cabeza el sonido de tu risa exagerada, tu mirada felina, tus labios de terciopelo.

Leonora, te empeñaste en marcharte a otros mundos, lejos de mi, arrancándome la vida, secuestrando mis sueños, levantando a mis pies los muros del fracaso. Tu sombra es alargada, no permite que el Sol acaricie mi rostro, hace tiempo que no noto ese calor, hace tiempo que caigo en el error de la comparación dejando escapar oportunidades, tu veneno recorre mis venas... me pregunto si alguna vez seré capaz de llenar los espacios vacíos que dejaste, me pregunto si quizás la resignación sea el camino que deba tomar.

Dijo el cuervo: ¡Nunca más!

Regresando a la vida

Una fosca media noche, cuando en tristes reflexiones, sobre más de un raro infolio de olvidados cronicones inclinaba soñoliento la cabeza, de repente a mi puerta oí llamar...

Escuché esa voz interior que todos tenemos, me hablaba de la necesidad de expresar sentimientos, de compartir sensaciones, de reír junto a ti, de llorar en tu hombro, de ofrecer el mío si lo necesitas... solo precise de un pequeño empujón para abandonar el mundo de los muertos y regresar.

Vuelvo para saciar mi sed, para acomodarme entre las sombras, sin revelar mi rostro, para recomponer aquello que hace tiempo se rompió, para intentar que mi alma encuentre consuelo en los rincones de este lugar.

Dijo el cuervo: ¡Nunca más!